El establecimiento de las celebraciones propias
La creciente popularidad de la Virgen obligó a la Congregación a organizar de forma más precisa sus cultos y festividades.
Inicialmente se acordó celebrar la fiesta principal de la imagen el 21 de noviembre, coincidiendo con la festividad de la Presentación de la Virgen. Sin embargo, las condiciones meteorológicas propias del otoño dificultaban frecuentemente la celebración de procesiones y actos públicos.
Por este motivo, el 8 de diciembre de 1757 la Junta decidió trasladar la festividad al segundo domingo de agosto, fecha que continúa vigente en la actualidad y que constituye el origen de las actuales Fiestas de la Peregrina.

