El proyecto de un gran santuario
Desde el primer momento la capilla de madera fue considerada una solución provisional.
La intención de la Cofradía era construir un templo de piedra que acogiese dignamente la imagen y respondiese al creciente número de fieles que acudían a venerarla. Los trabajos preparatorios comenzaron rápidamente. El 21 de abril de 1777 se recibió una importante donación del escribano Jacobo de Moldes, consistente en una considerable cantidad de piedra procedente de una construcción iniciada en el barrio de San Bartolomé. Esta fue una de las primeras aportaciones destinadas específicamente a la futura obra.
Al año siguiente, en marzo de 1778, se abrió una cantera en un monte propiedad de la Congregación situado en San Amaro de Moldes. Gracias a ella se pudo obtener buena parte de la piedra necesaria para la construcción del nuevo templo.

